Já fui feliz em…

Querido Porto:
Nos conocemos a la perfección, hasta el punto de poder reconocer delante de ti y sin temor al rechazo que ya hay quien me ha visto llorar y ya hay quien me ha oído cantar inspirada por un Fado, a su vez inspirado por un río.
Tú no me has visto llorar, tampoco me has oído cantar.
Sabes que alguna vez lo he intentado, y te han contado que me han visto luchándome para sorprenderte, pero no me has visto, no me has oído.
A pesar de ello nos conocemos a la perfección y, a pesar de ello también, he de comunicarte que tengo la mirada vidriosa y tal vez no te reconozca.
Comunicado número 1: “Tengo la mirada vidriosa y por eso tal vez no te identifique. Sabré identificarte si no te perfumas y me dejas respirarte tal cual.”
No temas, estoy aquí, y no he perdido la voz, ni las lágrimas. He perdido, eso sí, los suspiros. Los derramé en la desembocadura de aquel río, aunque no recuerdo cuando fue la última vez que pasé por allí. Una eternidad.
Será que pasé cuando todavía se veían delfines en Lisboa y en el Mondego las mujeres iban en barco desde Penacova hasta Coimbra a recoger las ropas que después devolvían limpias y planchadas.
Será que pasé, por tanto, en otro tiempo en el que por casualidad no nos conocíamos tan perfectamente.
Ya lo recuerdo, fue cuando por encima de mi hombro sobrevolaba tu mirada, desafiándome; “¿A ver quién se enamora antes?” Gané, sin duda gané. Muestra de ello es que estoy aquí, perdida entre Boavista y La Ribeira y tú has pasado a mi lado y no te has enredado en mis rizos. Lo prometiste.
Promesa número 1: “siempre que pase cerca de ti me enredaré en tus rizos para demostrarte que te quiero y para que no te cortes el pelo”.
Evidentemente, me quieres porque no me he podido cortar el pelo, pero no me quieres de la manera estúpida que acordamos.
Acuerdo número 1: “Amarnos de manera estúpida”.
Haciendo un ejercicio difícil de memoria, te comunico que te equivocaste.
Comunicado número 2: “Te equivocaste con el número de papeles de Sugus que llevaba en el abrigo ese día por la tarde. Eran ocho”.
Me he distanciado de tu carne pero no lo he hecho de tu esencia. Según decían por ahí “el mismo mar, la misma lluvia”; lo que deduzco ahora es que no debe ser igual para los ríos. Yo más al Norte, tú más al Sur.
De este modo pude comprobar la verdad absoluta número 1: “El viaje Norte-Sur se me hace menos cuesta arriba”.
Y me mantengo firme en mi palabra.
Promesa número 2: “Escribirte cuando descubra verdades absolutas”.
Verdad absoluta número 2: “Evidentemente, te quiero porque a pesar de lo absurdo de mis palabras, enumerando comunicados y contratos, nos conocemos a la perfección y ahora soy yo la que tiene la mirada vidriosa y puede equivocarse contigo”.
Solo me resta decir que no será esta la última carta que te escriba desde tan cerca. Siempre habrá más verdades absolutas entre nosotros.
Verdades como que yo esté en mi escritorio y tú me merodees, sabiendo lo que me traigo entre manos; y sin embargo, sepas callar y aguardar por el resultado.
Comunicado número 3: Te quiero. Te quiero porque el que te acerques o te alejes no me hace sentir más espaciosa. Te quiero porque ni siquiera temo que te vayas. Y sobretodo te quiero porque tu presencia no me limita.
P.D.: Adjunto ocho Sugus de melón y un caracol.
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