Viaje al interior. De Lleida a Miranda do Douro. Parte I

El viaje al interior (tenía una deuda con él) comenzó con otro viaje. Un viaje de introspección durante las siete horas de coche a solas de Lleida a Miranda do Douro. Tantas horas con la  atención puesta en la carretera y la música fundiéndose con el sonido del motor consiguieron introducirme en un metaviaje.

Al acercarme a Zamora, fueron apareciendo los carteles indicativos que marcaban Portugal. Insistían en hacerme pasar por el centro de la ciudad. Conseguí deshacer el laberinto y salir a una carretera provincial. Entonces comenzó a llover y a anochecer en el espejo retrovisor.

Vista a través de los árboles de las rocas del cañón del Duero. LeleSorribas2013

Vista a través de los árboles de las rocas del cañón del Duero. LeleSorribas2013

Las fronteras son abruptas. Incluso cuando no se es consciente de estar atravesándolas. Esta es amarilla y azul oscuro casi negó. Las nubes grises espesas por encima de la cabeza descargaban sin furia pero con amenaza de estropear la introspección. La carretera serpenteó en ascenso sobre el Duero hasta que llegué a un aparcamiento lleno de autobuses que aguardaban por los excursionistas.

Miranda do Douro se encuentra a un lado del cañón del Duero que hace de frontera natural. En pleno Parque Natural de Arribes del Duero. La ciudad portuguesa es famosa por su orografía, por sus construcciones medievales, por su gastronomía y por sus comercios, a los que acuden millares de autobuses todos los años.

En Miranda existe una lengua propia, el mirandés. Tenía curiosidad por escuchar hablar mirandés, pero sólo lo encontré escrito en las placas informativas de los monumentos y de las calles. Según he sabido, son muy pocos los hablantes de mirandés. Aunque hay una buena cantidad de estudios, personas y empresas que demuestran el interés en recuperar la lengua y con ella una parte muy importante de la cultura de la región.  Desde finales de los 80 se introdujo en la enseñanza, a finales de los 90 se elaboró la Convención Ortográfica y se le otorgó reconocimiento político a través de una ley (Lei7/99, de 29 de Janeiro).

Placa con el nombre de la vía en mirandés. Lhargo de la Sé. LeleSorribas2013

Placa con el nombre de la vía en mirandés. Lhargo de la Sé. LeleSorribas2013

La primera persona con la que hablé fue la dueña del pequeño hostal donde me alojaba. La entrada estaba en los soportales entre dos comercios de ropa de casa. Seguía lloviendo intensamente cuando me bajé del coche y llegué al hostal bastante mojada. Mientras la dueña me guiaba hasta mi modesta habitación, dijo “trajo la lluvia, menina. Por fin llueve. Ya era necesario”. Yo, que me iba a quejar por haber tenido tan mala pata de llegar con la lluvia, le di la razón y sonreí.

Después, en vez de quedarme en la habitación refugiándome de la lluvia, me puse el chubasquero rojo y salí a dar una vuelta y disfrutar del agua que tanto ansiaban por aquellas tierras.

Me sorprendí, sobre todo, con el silencio que se fue apoderando de las calles cuando las tiendas comenzaron a cerrar. El sonido de la lluvia y mis pasos me evadieron de nuevo en un metaviaje. Entré en un bar que tenía dos mesas ocupadas, una con tres mujeres y tres niños del pueblo y otra con cuatro parejas y dos bebés de Zamora. La mezcla de sus conversaciones me resultó una evidencia firme de lo difusa y abrupta que puede resultar una frontera. El tono de las mirandesas era suave, el del grupo de zamoranos era alto. La mesa de ellas estaba ordenada y la de los otros llena con sus consumiciones, móviles y juguetes. Ellas hablaban de las elecciones locales del día siguiente. El grupo de Zamora hablaba en subgrupos de lo que les había cambiado la vida tener hijos. Yo no hablaba con nadie, observaba, comía un sandwich mixto en pan de hogaza y bebía una Superbock. Me fijé en que debajo del nombre del bar, como en las puertas de los edificios muy antiguos, figuraba la fecha de fundación: 1971. La fecha en sí no me dijo nada, pero el detalle me recordó que aún no había cruzado el puente para ver la catedral.

Al fondo la Catedral de Miranda do Douro, la Sé, asomada al Duero. LeleSorribas2013

Al fondo la Catedral de Miranda do Douro, la Sé, asomada al Duero. LeleSorribas2013

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Un comentario en “Viaje al interior. De Lleida a Miranda do Douro. Parte I

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