Viaje al interior: Macedo de Cavaleiros y promesa de volver. Parte III

No me quise detener a comer. En cuanto me desembriagué del sosiego del crucero por el cañón del Duero, arranqué dirección Macedo de Cavaleiros. La carretera desde Miranda do Douro hasta Macedo se me hizo un paseo. Un paseo por carreteras secundarias, atravesando pueblos vacíos, pueblos con grupos apoyados en las puertas de los bares, pueblos con tractores en movimiento y pueblos con gente sentada en las puertas de las casas.

De repente recordé que era domingo electoral, elecciones municipales. Macedo de Cavaleiros en domingo electoral no está disponible para nada más. En los alrededores de la Cámara Municipal, había un montón de gente gesticulando que debía llevar horas en la misma posición.

Transmontano en la puerta de su casa. LeleSorribas2013

Transmontano en la puerta de su casa. Santa Combinha. LeleSorribas2013

El día estaba grisáceo, seguía amenazando la lluvia, pero me pareció mejor idea dar un paseo por las playas fluviales que por las calles apagadas. Estas playas, en la zona protegida de la Albufeira do Azibo, forman una especie de península interna, el pico es Santa Combinha. Por curiosidad me metí en Santa Combinha. Entré por la calle central, pasando por delante de todas las puertas abiertas de las casas, bajo la atenta mirada de los que allí estaban. Llegué hasta la puerta de la iglesia y allí detuve el coche. Me bajé y sentí el murmullo sobre mi coronilla. Un hombre que estaba apoyado al lado de la puerta de su casa, como de postal, se dio cuenta de que llevaba una cámara de fotos y no dudó en pedirme una foto. A saber cuánto tiempo llevaba posando esperando por aquella postal. En seguida salió la mujer de dentro de casa y comenzó a contarme la historia de la casa. Los números de las puertas se habían ido borrando. Los grabó un pedrero ahí, pero debió hacer unos “gatanhufos” y ya casi no se ven”. La casa era de la familia del hombre, el abuelo de éste había hecho un escalón con dos piedras desiguales, pero allí seguían. Están tan bien puestos que hasta los que pusieron el empedrado nuevo de la calle respetaron el escalón.

Cuando me despedía el hombre hizo ademán de venir conmigo y la mujer puso una mueca seria mientras decía. Ya te lleva en foto, no seas pesado. Sonreí y me despedí agitando la mano.

Volví a Macedo y busqué mi hotel. Un hotel pequeñito en el centro, el Hotel Muchacho. Moderno, limpio y familiar. Dejé las cosas y salí a cenar. No me resistí a una posta à mirandesa. Cené como una reina con el sonido de los resultados electorales de fondo.

Posta à mirandesa. LeleSorribas2013

Posta à mirandesa. LeleSorribas2013

Las raciones en Portugal suelen ser para dos, así que me sobró bastante. En la mesa de al lado un grupo comentaba con alguna extrañeza los buenos resultados del PCP (Partido Comunista de Portugal). Por algún lado tenemos que salir. Decía uno de ellos.

Salí y mientras volvía al hotel repasé las vistas de las playas que había visitado por la tarde. Son una de las siete maravillas de Portugal, y de veras lo son. Un escape para el calor del interior en los meses de verano.

Al día siguiente me esperaba el camino inevitable hacia la costa. El interior siempre acaba en la costa. Este viaje al interior también. Lo que no sabía es que la tormenta que me amenazaba todos estos días estaba esperándome en la frontera entre el interior y la costa. La cortina de agua y niebla me sirvió para comprender que Tràs-os-Montes no sólo es interior por su ubicación, sino por cómo te hace sentir en conexión contigo mismo.

Me prometí volver antes del próximo otoño.

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